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Historia

BCwdK1k0 · abril 08, 2015 · Sin categoría · 0 comments

Entre los muchos apreciados clientes que se han alojado en el Hotel Inglaterra a lo largo de su historia, la leyenda habla de Ava Gardner. Y el Libro de Honor de Invitados atesora solo una parte de los innumerables clientes que han disfrutado del Hotel Inglaterra en Granada. Un clásico que ha sabido adaptarse a la comodidad y tecnología de nuestro tiempo sin despojarse nunca del encanto de su historia que a continuación les rescatamos de diversos textos aparecidos en prensa.

A comienzos del siglo XX, el mundo vivía lo que un historiador inglés llamaba acertadamente “la Era del optimismo”. Fue el tiempo conocido también con el sobrenombre de “la belle époque”, en realidad apenas un chispazo de tiempo, un abrir y cerrar de ojos, treinta años mal contados, durante los cuales, unas formas de vida esplendorosas fueron disfrutadas en exclusiva por los miembros de un privilegiado y selecto grupo social, compuesto de grandes familias de la nobleza europeo, prósperos financieros y empresarios del momento y, por supuesto, los nuevos multimillonarios norteamericanos.

Aquellos años señalaron la aparición de los primero grandes hoteles, los Ritz y los Palacios (en Granada tenemos uno de ellos, El Alhambra Palace), hoteles de lujo y refinamiento singulares, como correspondía a las exigencias de aquella sociedad tan elegante, que apreciaba la distinción y el buen tono por encima de la todas las cosas. Aquel mundo feliz de unos pocos millones de afortunados seria liquidado por los cañonazos de la I Guerra Mundial, pero resurgirían después con nuevos bríos, prolongando sus últimos esplendores hasta 1939, en que una nueva y más terrible conflagración bélica lo haría desaparecer, esta vez para siempre. Precisamente en ese periodo llamado generalmente de entreguerras abrió sus puertas en Granada el Gran Hotel Inglaterra.

Su sello original: Formato esquina entre las calles Cettie Meriem y Joaquin Costa, se levanta este conjunto arquitectónico, original del arquitecto, Ángel Casas, unos de los hombres representativos del buen gusto donde la arquitectura domestica granadina en el primer tercio de nuestro siglo. Otras de las obras más notables de este profesional son el Banco Hispanoamericano de la Gran Vía (actual BSCH); el precioso palacete de la misma calle, ahora sede de la Subdelegación de gobierno, o la casa de la farmacia Gálvez, en la placeta de Cauchiles, entre otros trabajos. El Hotel Inglaterra destaca por la afortunada solución de la esquina y la elegancia de su balconaje. Ángel casa rehuyó de la vulgaridad de esquina recta y rotunda, sustituyéndola por un breve chaflán (en el que se abre la portada en arco semicircular), que alivia la posible rigidez lineal del ángulo recto con una gracia y originalidad interesantes.

Como todos los profesionales de aquella generación, Ángel Casa tenía su sello personal, sin acento propio en todos sus trabajos. Aquí se distingue también. Es un edificio quizá “menor” entre los suyos, pero no por ellos el arquitecto descuido su sentido de la elegancia, su extremo cuidado para evitar monotonía en la fachada. A la vista está. El juego de los balcones y su diferente e imaginativa ornamentación es atractivo a la vista del transeúnte. En el balcón central, sobre la puerta, un elegante frontón triangular enmarca un rosto de mujer halada, especie de alegoría de la victoria. De parecido interés los relieves de los balcones de la planta segunda y los gracioso arcos de la tercera. El conjunto, que se prolonga en forma de viviendas por la calle Cettie Meriem es una muestra más del buen quehacer de uno de los mejores arquitectos granadinos de nuestro siglo.

Ya decimos que este Gran Hotel Inglaterra empezó a funcionar en los últimos años de la década de los 20, poco antes de que la crisis financiera mundial de 1929 asestara un serio golpe al gran turismo internacional. El primer director y propietario del flamante hotel fue un empresario ya avezado en estos menesteres: Manuel Morales Arias, que tenía también el Hotel Nuevo Oriente (antes El Navío ), en las calles Alhóndiga y Párraga. Desde el primer momento, el Gran Hotel Inglaterra se anunciaría (junto con el Alhambra, el Washington Irving, el Victoria y el París) como hotel de primer orden. No había entonces el renglón de las estrellas para calificar la categoría de los hoteles, ya que fue una calificación hotelera que vendría posteriormente, pero si había diferentes clases para información del viajero.

A raíz de la guerra civil del 36, el Gran Hotel Inglaterra se vio obligado a suprimir el nombre de Inglaterra en su fachada. Nada inglés, nada francés estaba entonces bien visto, con lo que durante algunos años este hotel se llamó sencillamente Gran Hotel. Por entonces la estancia, en concepto de de pensión completa, era de 30 pesetas diarias. Y había veces en que los huéspedes tenían que salir apresuradamente del comedor, porque llovían piedras contra los balcones. Eran las manifestaciones de los estudiantes que, al grito de “¡Queremos Gibraltar!”, los lanzaban. Nadie les decía que se concentraran ante el Hotel Inglaterra, pero con tal de no volver a clase y de tener algún entretenimiento extranjero, los estudiantes incluían el inofensivo establecimiento hotelero entre los objetivos de sus reivindicaciones patrióticas.

En la actualidad, el hotel conserva su fachada, así como la estructura interior y parte del mobiliario original (puertas, mesas, enlosado, barandas, escaleras, etc).

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